jueves, 31 de diciembre de 2015

El quinqué

Siempre quise tener un quinqué. Recuerdo el que tenía mi abuela en la sierra, había que tener mucho cuidado cuando estaba encendido, siempre se podía caer y al tener el cuerpo de cristal explotar como una bomba. Era algo mágico mirarlo, bastaba girar la ruedecilla lateral, para que la cocina en una penumbra que solo alumbraba levemente el hogar, cobrase vida al instante iluminándose los anaqueles de las paredes. Al contrario también funcionaba la mágia, si escondías la mecha. la mayor oscuridad que podía imaginar hacía salir de las sombras todos mis miedos y temores.


1 comentario:

  1. Nós utilizamos lampião a querosene quando ainda não tinha energia elétrica na casa do sítio... bons tempos de Penedo...
    Um beijo.

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